• manuel j pineda

Lo fotográfico

La imagen fotográfica se construye y recrea sobre la realidad circundante con la mirada personal e intransferible como único y determinante instrumento. Una acción que conjuga por un instante nuestra memoria más inconsciente e intuitiva con la percepción analítica más cerebral y volitiva.

No es un producto de la imaginación aleatoria, fantasiosa o virtual, sino el resultado casual o intencionado de una intersección sintética y contingente, que detiene el fluir del tiempo, combinando el factor espacio/temporal con los elementos tangibles del mundo fenoménico que la constituyen, en su inevitable y azaroso suceder.


La edición posterior tiene la facultad de enfatizar y reinterpretar la obra, ajustándola o enmarcándola dentro de una idea general o particular que la conceptualiza, pero bajo mi punto de vista, no debe alterar la condición temporal/espacial fenoménica, única e irrepetible que la conforma, determina y singulariza.


Si se altera sustancialmente su naturaleza, añadiendo o sustrayendo elementos medulares de la escena, la obra en cuestión desborda el campo propio del género y se enmarcaría dentro de otras disciplinas artísticas, (ilustración, fotoficción, diseño, plástica, grabado, performance…), que utilizan la imagen fotografíca no como el elementos sustancial, generador y unívoco, sino como el material o soporte donde construir, desarrollar o presentar sus realizaciones.

Esta clasificación o separación de las diferentes disciplinas artística es necesaria por una cuestión conceptual y práctica, ya que son las instituciones (organismos, asociaciones, fundaciones, etc....) las que operan de manera directa y determinante sobre cualquier actividad, convocando ayudas, becas, premios y distinciones, que irremediablemente en sus bases deberían de acotar y delimitar su campo de actuación para poder así aplicar criterios ponderados y "objetivos de valoración" a las diferentes propuestas. Un caso paradigmático contrario a ello, es el premio nacional de fotografía, siempre polémico, precisamente por no concretar y delimitar el marco de lo fotográfico en sus bases, ya que deja al criterio subjetivo de los miembros de jurado la propuesta de los candidatos, abriendo así el espectro a todo tipo de artistas que utilicen, aunque sea de manera marginal y secundaria, el soporte fotográfico en algún momento de su proceso creativo.

Esto no es óbice para que al margen de esta necesidad de delimitar y diferenciar las disciplinas artísticas en base a la praxis de los reconocimientos institucionales, la hibridación o mezcolanza multidisciplinar, (siempre que no sean ejercicios impostados en su extravagancia, forzados en su seudo-originalidad o simplemente decorativos), sea una actividad más que loable como fórmula de exploración y experimentación que amplíe y diversifique el campo de actuación de su materia atenuando así la tendencia inercial y natural hacia un enroque excesivamente endogámico y retórico.

Otra cosa es subvertir la esencia o naturaleza pristima de lo fotográfico, esa fidelidad y vinculo consustancial con un suceder real no imaginado, que a través de una mirada penetrante y personal lo rescata del olvido, revelando a través de la alquimia de la luz y las formas, los significados ocultos e invisibles que toda realidad contiene.


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