Puntos suspensivos

 

 

Coleccionista de conjunciones astrales, de instantes singulares. Adivinamos la espera del cazador que dispara para capturar la belleza. Para ello ha escogido un lugar en el que se encuentran el exterior y el interior separados por unos puntos suspensivos, el autobús, el caminante, el paso subterráneo y la calle. Lugar de intercambio, de diálogo. Hay algo de narrativa espacial en la propuesta. ¿Qué es lo que transcurre cuando permanecemos expectantes en la encrucijada en la que, por un momento,  se detienen todas las historias de los protagonistas ocasionales del lugar? ¿Es el aliento de Kairós, el instante luminoso, bello y fugitivo, el que habita estas imágenes surgidas gracias a la inconsciencia de sus protagonistas pasivos?

 

Los puntos, como los sonidos del tiempo que ha dejado de pasar, que ha quedado en suspensión, son las notas simbólicas inocentes que nos dejan ver el vacío del horizonte, la naturaleza, el agua, la soledad, la melancolía, la lluvia sobre el mar. La silueta, borde, frontera, revela algo insólito, una estructura, una armazón, un límite para la verdad. La silueta, verdad del alma, reviste de un aura de distinción lo cotidiano. Fuga, ausencia, mirada que se pierde en el horizonte, en lo ultramar. La conjunción del pájaro, el gato, la mujer, la nube, componen tanto la soledad como la comunión en el espacio no verbal, sagrado, misteriosamente tejido, de lo natural. Hay un encuentro primitivo y fuerte, esclarecedor, de los puntos geométricos, con la puntuación irregular de los sucesos, de las aves en el cielo. Las pautas circulares que dejan en suspensión lo conocido, aparecen como seres extraterrestres que se han instalado en la frontera del mar, como algo estricto e ingenuo que convive con la fragilidad de los amantes, de la noche. Los puntos suspensivos marcan el tiempo que sigue corriendo… en otra parte.

 

Gabriel Rodriguez. Foconorte 2007

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